
Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros.
Miren por ustedes mismos: Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale.
(Lucas 17:3)
El perdón es una de las expresiones más profundas del amor de Dios en nosotros. Jesús, al instruir a sus discípulos con estas palabras, nos enseña que la verdadera comunión requiere tanto la valentía para afrontar el error como la gracia para conceder el perdón.
Reprender a un hermano no es un acto de condena, sino de amor; es tenderle la mano para levantarlo de su caída, recordando que todos, en algún momento, también necesitamos ser levantados.
Perdonar, sin embargo, no es siempre fácil. El corazón humano tiende a guardar rencor, a buscar la justicia propia o a alimentar el resentimiento. No obstante, el evangelio nos llama a un camino superior: el de la misericordia. Cuando elegimos perdonar, no solo liberamos al otro, sino también a nosotros mismos de las cadenas del resentimiento. El perdón es una semilla de paz que primero florece en quien la siembra.
Cristo es nuestro mayor ejemplo. Aun traicionado, herido y agraviado, eligió perdonar. En la cruz, su amor fue mayor que el dolor, y sus palabras: «Padre, perdónalos», resuenan como una invitación y un desafío para cada uno de nosotros. Perdonar es imitar el corazón de Jesús.
Si alguien te ha herido, ora por esa persona. Si alguien te ha decepcionado, encomienda la situación a Dios. Y si eres tú quien ha errado, busca el arrepentimiento y la reconciliación. En todo, recuerda: el perdón no niega el dolor, sino que elige el amor. Es el vínculo que mantiene unido el cuerpo de Cristo y el reflejo más puro de la gracia que hemos recibido.
Perdonar es, ante todo, vivir el evangelio en su forma más auténtica.
Bendecida semana te desean tus Pastores Rodríguez.
La iglesia Maranatha Worship Center localizada en el corazón de Baltimore, te invita a integrarte a esta gran familia de Dios.
Los pastores Daniel y Abigail Rodríguez fueron llamados por Dios para servir a nuestra comunidad con amor inspirados en la sabiduría bíblica y el poder de Cristo.
Aquí encontrarás una familia donde puedes crecer espiritualmente y poner tus dones al servicio del Reino.
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